Cada día prestamos más atención a lo que comemos o bebemos, pero muchas veces olvidamos algo importante: el agua con la que nos duchamos también entra en contacto directo con nuestra piel y nuestro cabello.
El agua del grifo suele contener cloro, metales pesados, sedimentos y otros residuos procedentes de la red de distribución. Aunque son seguros para el consumo dentro de los límites establecidos, pueden afectar a la piel y al cabello cuando estamos expuestos a ellos diariamente.
Por eso cada vez más personas optan por instalar un filtro de ducha. A continuación te explicamos por qué.