Las fiestas de fin de año traen consigo celebraciones, encuentros, comidas largas y rutinas que se alteran durante unos días. Son momentos para compartir, disfrutar y salir de lo habitual. Y está bien que así sea.
Cuando todo termina, a menudo aparece la sensación de que hay que “volver a ponerse en orden”, recuperar el control o compensar lo vivido. Pero cuidarse no debería convertirse en una exigencia más.