La dieta alcalina mantiene el equilibrio del pH y protege nuestro cuerpo ante virus y bacterias

La salud es una relación entre tú y tu cuerpo. (Terry Guillemet)

Desde tiempos inmemoriables que el ser humano es conciente de la importancia que tiene el prevenir antes que curar, ya lo decía Hipócrates, padre de la medicina occidental hace más de 2500 años con su frase celebre “Que tu medicina sea tu alimento y el alimento tu medicina”, demostrando la estrecha relación que hay entre la salud y la alimentación.

El estar en equilibrio y armonía es beneficioso para vivir sanos y minimiza de esta forma el riesgo de sufrir enfermedades mediante algo tan primitivo como los nutrientes que consumimos a diario.

Una investigación de la Universidad de Kansas (EEUU) sugiere que los virus y bacterias se desenvuelven más fácilmente en ambientes ácidos. El pH es el coeficiente que indica el grado de acidez o alcalinidad de una disolución, y se mide en una escala que oscila del 0 al 14, siendo 0 lo más ácido, 7 neutro y 14 lo más alcalino. 

El pH está presente en todo nuestro organismo: saliva, sudor, orina, sangre… Y diversos factores oxidativos como la contaminación atmosférica o el estrés producen acumulación de ácidos y un desequilibrio en nuestro pH corporal. Lo idóneo es un nivel de pH corporal ligeramente alcalino, entorno al 7.35 - 7.45. 

Nuestro propio organismo se encarga de compensar los minerales alcalinos para mantener el nivel de pH adecuado. 

En el artículo del Atlántico, Enrique González, director técnico de Bioenergía Humana (BHU) y nutricionista terapéutico, declara “la sangre es el director del organismo. Siempre procurará que su índice de pH no se mueva del 7,4 y, si se lo ponéis difícil, ya se encargará de robar minerales y nutrientes para que la cifra permanezca”.

¿Cómo equilibramos el pH corporal y evitamos acidificarnos?

La dieta que elijamos y el estilo de vida que llevemos serán la base de la pirámide de nuestro bienestar. 

Dentro de las diferentes dietas que podemos disfrutar queremos destacar la dieta alcalina. Esta se basa en una alimentación de entre el 60 y 80% de alimentos alcalinos para ayudar de esta manera a lograr un equilibrio tanto en nuestro pH como en nuestro peso.

El resto de nuestra alimentación puede ser ácida, pero primando siempre aquellos alimentos acidificantes pero saludables. Debemos evitar las sales minerales acidificantes como el hierro, el azufre, el fósforo, el cloro y el yodo. Alimentos como son el azúcar refinado, los alimentos fritos, el café, el alcohol, el tabaco, los lácteos y todos sus derivados (leche, queso, yogurt y mantequilla).

Aunque no sólo es importante pensar en aquellos alimentos sólidos que ingerimos, sino que también debemos ser conscientes de ese superalimento que está presente en todos ellos: el agua.

El agua que bebemos es fundamental dentro de nuestra dieta. Esta debe ser alcalina (entre un 8.5 - 9) y con alta capacidad antioxidante, ¿para qué? Para contrarrestar y luchar contra los factores que nos oxidan mencionados anteriormente.

Teodoro Vázquez: químico, corredor minimalista y autor del Blog del Runner, nos explica en el siguiente vídeo la importancia que tiene la alcalinidad en el alimento o en la bebida.

Cuánto más alcalina sea la comida o bebida que se ingiere nuestro estómago más ácido clorhídrico va a fabricar, y cuánto más ácido clorhídrico fabrica más bicarbonato envía a la sangre. Esto es lo que realmente nos va a ayudar a equilibrar el pH de nuestro cuerpo, evitando de esta manera, que el propio organismo robe los minerales alcalinos esenciales de donde no debe (como pueden ser los huesos, músculos, etc).

Las cetonas y el coronavirus

Últimamente escuchamos hablar mucho de la dieta cetogénica y cetonas, pero ¿qué son las cetonas? Son compuestos orgánicos que se forman cuando no hay suficiente azúcar o glucosa para alimentar las necesidades de combustible del cuerpo, lo que ayuda a la pérdida de grasa. 

Hay indicios que prueban cómo las cetonas pueden ayudarnos a combatir el coronavirus. Aquí compartimos un artículo muy interesante del Dr. Mercola donde este nos habla del efecto antioxidante que tienen las cetonas para ayudar a frenar la tormenta de citoquinas inflamatorias. En dicho artículo nos habla del NADPH, que es la batería de la célula, el reservorio de electrones que en realidad hacen que los antioxidantes que vienen de fuera se recarguen para que puedan continuar trabajando y mitigar el daño que producen los radicales libres por el estrés oxidativo. Es por por eso que el agua hidrogenada o ionizada con gran capacidad de aportar electrones es clave para mitigar este proceso.

El magnesio

Además de las cetonas también es importante el nivel de magnesio en el agua y en nuestro organismo. 

Si el nivel de magnesio no es elevado es prácticamente imposible que el organismo sea capaz de producir los químicos suficientes necesarios para combatir la tormenta inflamatoria de citoquinas, como señala Dave Asprey en el artículo de Mercola.

El 80% de la población tiene carencia de este mineral. Podemos consumir magnesio en alimentos como aguacates, plátanos, nueces, almendras, anacardos, arroz integral o agua alcalina Alkanatur que es una de las aguas más ricas del mercado en este apreciado mineral con aplicaciones de entre un 20 y 30 mg de magnesio biodisponible para nuestro organismo. 

Esta parte es muy importante porque cuando el magnesio está disuelto en agua ionizada aporta electrones y, como hablamos anteriormente, si el agua está altamente oxigenada es mucho más fácil que entre en el interior de las células, por lo que la hidratación es mayor.


Alimentos alcalinos y ácidos, ¿cómo identificarlos?

Hay que tener claro que el nivel de pH de un alimento no se puede saber por su gusto. Un gran ejemplo es el limón. Nuestras papilas lo detectan con un sabor ácido, pero esto no determina su pH. El limón es una de las frutas más alcalinizantes, ¿por qué? Gracias a la cantidad de minerales alcalinos que contiene: potasio, magnesio y calcio.

Lo que determina si un alimento tiene capacidad para acidificar o alcalinizar nuestro cuerpo es lo que se llama índice PRAL (Potential Renal Acid Load), que significa “carga ácida renal potencial”. Esta es la cantidad de ácido que eliminamos por nuestros riñones y se mide en la cantidad de ácido presente en 100 gramos de alimento. Si es positivo va a indicar que el alimento acidifica la orina y si es negativo, que alcaliniza. 

El índice PRAL depende de numerosos factores como por ejemplo:

  • los ácidos orgánicos, como por ejemplo el ácido cítrico, fórmico, acético, málico, tartárico, salicílico, oxálico o los ácidos grasos

  • la cantidad de proteínas que contenga, como aminoácidos sulfurados, metionina, cisteína o cistina

  • la cantidad de iones eliminados, como Calcio, Potasio, Sodio, Magnesio

  • la absorción de los alimentos

Para iniciarse en la dieta alcalina, Rosa López Monís, bióloga molecular y nutricionista nos recomienda  “empezar con una dieta de eliminación, es decir eliminando los alimentos más acidificantes para nuestro cuerpo, el azúcar blanco refinado no nos aporta ni minerales, ni vitaminas, es decir son calorías vacías que lo único que hacen es robar calcio a los huesos y otros minerales alcalinizantes que va a necesitar para su metabolización”.

El cuerpo tiene muchas formas de mantener este equilibrio constante, ya que no todo en el cuerpo es alcalino. Nuestro estómago por ejemplo, tiene un pH más ácido. Sin embargo si no estamos equilibrados este puede robar minerales de nuestro organismo, provocando fallos en el sistema y produciendo problemas de salud como acidez, psoriasis, problemas de piel o retención de líquidos.

En conclusión, comenzar una dieta alcalina es una buena forma de mejorar nuestro estilo de vida equilibrando el pH de nuestro cuerpo, eliminando residuos ácidos y protegiendo nuestro organismo ante agentes patógenos. Si deseas conocer el pH que tienes puedes realizar la prueba por la mañana antes de desayunar utilizando nuestras tiras reactivas. 

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