Vivimos en un ritmo constante. Trabajo, responsabilidades, notificaciones, prisas…
Y muchas veces, sin darnos cuenta, pasamos semanas (o meses) sin parar de verdad. Por eso, el Día del Trabajador puede ser algo más que una fecha en el calendario.
Puede ser una excusa para hacer algo que no siempre hacemos: bajar el ritmo.