A diferencia de lo que solemos pensar, la deshidratación no siempre se manifiesta de forma evidente.
No es solo tener la boca seca o sentir mucha sed. Muchas veces aparece de forma más sutil, en pequeñas sensaciones que se repiten a lo largo del día.
Por ejemplo, esa sensación de cansancio constante, incluso después de haber descansado. O la dificultad para concentrarse, como si la mente estuviera un poco más lenta de lo habitual.
También es bastante común que aparezcan dolores de cabeza leves, especialmente a lo largo de la tarde, o que la piel se vea más apagada, menos luminosa.
Son señales fáciles de atribuir al estrés, al trabajo o al ritmo del día a día… pero en muchos casos tienen relación directa con la hidratación.