La respuesta es sí, no hay ningún problema en beber agua alcalina durante las comidas. En realidad, ayuda a digerir mejor, ya que favorece un tránsito intestinal más suave y puede contribuir a reducir la acidez estomacal en personas propensas al reflujo.
En laboratorio, agua con pH ≈ 8,8 neutralizó la pepsina, causante del daño de esófago en reflujo. Revisiones en personas con reflujo o síndrome de intestino irritable han observado mejoría en los síntomas al combinar dieta alkalina y agua ionizada, aunque la calidad y tamaño de los estudios aún es limitada.
Una revisión sistemática (Gastroenterology Research and Practice, 2012) concluyó que dietas alcalinas pueden mejorar los síntomas de reflujo en combinación con agua ionizada, aunque se necesitan más estudios con grupos más amplios.
La clave está en la moderación: como cualquier agua, evita beber cantidades excesivas mientras comes para no diluir demasiado los jugos gástricos.